06 Junio 2006
Cuando Einstein comenzó su investigación, dicen que se planteó la siguiente pregunta: ¿cómo se verá el mundo si uno va montado en un rayo de luz? A partir de esa pregunta, desarrolló toda su teoría, revolucionando la física y también la vida de todos nosotros. Presumo que mi amigo Dario se hizo una pregunta parecida: ¿cómo se verá el mundo, la vida y, en especial, la muerte desde el Sentido?
Perdónenme si desdramatizo el tema pero creo que toda búsqueda, incluso aquellas más serias y relevantes, surgen de la curiosidad, que es una de las cualidades humanas más bellas. Mirar al mundo como si fuera un territorio virgen siempre abierto a la investigación y el descubrimiento es una actitud típicamente humana, desde aquel momento de su evolución en que se acercó al fuego en vez de alejarse de él, como le indicaban todos sus instintos animales. Hace algunos años, en un programa de televisión, le preguntaron a Silo que sentía frente a la muerte y el contestó: “una enorme curiosidad”.
Ya desde su título, La Mirada del Sentido, este libro me sugiere eso: una investigación apasionante de una geografía que no es física sino síquica y tal vez metafísica. La hipótesis que orienta esta búsqueda es que El Sentido (así, con mayúscula) sí existe aunque hayan muchos indicadores que digan lo contrario. Se parte de una intuición. Intuición y curiosidad son dos atributos humanos muy contiguos que están en la base de cualquier investigación y, por tanto, de cualquier descubrimiento.
El autor, Dario, inicia su camino desde el mundo al que pertenece, que vive un momento muy particular: es una época desilusionada, que ya no cree en nada de lo que antes creyó. No fueron suficientes la fe ni la ciencia para esta conciencia ansiosa de sentido. Y no lo fueron, tal vez, porque no alcanzaron a dar respuesta a la pregunta fundamental: ¿cómo puede tener sentido la vida si uno muere?
De ahí en adelante, con un coraje admirable, se lanza a recorrer los laberintos de esa existencia interior que quizás pueda sobrevivir a la muerte física. Acompañamos a nuestro viajero en sus recorridos por este “mundo interno”, conocemos a los personajes que va encontrando en su viaje, nos angustiamos con él cuando se pierde y nos llenamos de júbilo cuando vuelve a encontrar el rumbo, en esta terra incógnita de la que hay muy pocos mapas. A veces creemos estar llegando al final y volvemos atrás con él, como siempre sucede en cualquier búsqueda: el camino no es una línea.
Porque no es de cualquier cosa de la que se habla acá. Se habla del Sentido de la vida, de verdades profundas que lo son justamente porque corresponden a experiencia interna y no a teoría filosófica. Entonces no se trata de decir simplemente “estoy de acuerdo” o “no estoy de acuerdo”. Se trata de leer calmadamente el libro e ir siguiendo las propuestas del autor para, al irlas experimentando o cotejando con la propia experiencia, solo en ese momento poder decir si coincide mi experiencia interna con aquella descrita, o no.
He ahí entonces el desafío y el aporte que contiene. No está planteado como una enseñanza ni como una imposición ni como una verdad ni como una revelación ni como un dogma. Está planteado como los descubrimientos y comprensiones a los que ha llegado su autor a medida que reflexionaba en las preguntas e inquietudes fundamentales que acudían a su corazón y a su mente.
Digo desafío, porque nos pone frente a nuestra propia realidad. Nos devela frente a nosotros mismos. “¿Me he preguntado yo eso?” o “¿Porque no me lo he preguntado?” Es un desafío porque nos obliga a mirar hacia adentro, a bucear en lo profundo en un mundo y una época en que todo se ha externalizado, en la que todo está afuera.
Digo aporte porque no nos deja solos ni a la deriva. Nos acompaña siempre en nuestras propias reflexiones. Nos da espacio para bucear pero también nos da una escafandra para ver mejor y nos aporta oxígeno para aguantar más tiempo en atmósferas que a muchos nos pueden ser poco conocidas. Aporte porque le da nombres a intuiciones y experiencias que a veces tenemos y no sabemos nombrar. Porque las ordena, las detalla, las explica, incluso propone caminos para producirlas.
Pero no seamos tan complacientes. Tengo que decir que a veces el autor se aparta de esa línea y nos impone una mirada y una verdad. Entonces comienza la batalla. En esos momentos, mientras leemos vamos dialogando con él: “¿Por qué dices esto?”, “¿de donde sacaste esto otro y como lo fundamentas?”. Y ahí vamos, leyendo y discutiendo.
Discutamos en público con el autor. Esa es una de las ventajas de comentar el libro de mi mejor amigo. Me parece discutible cuando dice “Hasta ahora todo el camino para vencer el sufrimiento ha sido un penoso andar desde el sinsentido, tratando de alejarnos de él. Mientras nos alejábamos, siempre había una trampa que nos devolvía a los abismos y, una vez en el fondo, teníamos que emprender nuevamente la difícil tarea de levantarnos para salir desde las oscuridades de la conciencia hacia la luz”
Es una mirada muy sufriente del camino de superación del sufrimiento. Creo que esa descripción se corresponde con un paisaje cultural en el que se supone que el camino de liberación y superación de las contradicciones es una suerte de camino sufriente, quizás de redención de los pecados. Me parece que es perfectamente posible experimentar el camino para vencer el sufrimiento como un alegre andar en el que paso a paso vamos experimentando leves pero crecientes sospechas del Sentido. Así ese camino puede ser recorrido sospechando alegremente a cada paso que nos acercamos al destino anhelado.
El anterior es un ejemplo de las discusiones internas en que uno se va enfrascando a medida que lee el libro. Pero bueno, justamente estas reflexiones y discusiones son lo más atrayente del libro. Y es por eso que decía antes que es un permanente desafío, un reto, un juego que se juega mejor si mientras leemos vamos cotejando con nuestras propias búsquedas, con nuestras propias preguntas, experiencias, verdades internas. Así me parece que se aprovecha mucho mejor el excelente aporte de Dario.
Quisiera terminar con una reflexión adicional.
Sé que para muchos está claro que el mundo externo y el mundo interno están profundamente vinculados. Que la acción en uno de ellos influye y modifica sustancialmente el otro. En realidad, es incluso bastante difícil decir donde empieza uno y termina el otro. Mucho de eso toca Dario en su libro.
Sin embargo quisiera agregar que no basta con decir que están vinculados. Estoy convencido que es posible y oportuno avanzar simultáneamente hacia el máximo de acción en el mundo “externo”, comprometiéndonos activamente en su transformación, mientras simultáneamente navegamos hacia lo profundo del mundo interno. Enfatizo en que no solo es posible sino que me parece que el único avance posible es aquel en que se transita simultáneamente por los dos caminos.
Quienes quieran avanzar en su búsqueda de Sentido, quienes quieran recorrer el camino hacia lo Profundo, quienes sientan la sincera necesidad de vincularse con sus Guías, quienes se sientan atraídos por el llamado de lo Sagrado, sepan que esos caminos no se oponen a la Humanización de la Tierra. Sepan que no requieren postergar su acción transformadora del mundo. Sepan por el contrario que su acción en el mundo, que su vinculación comprometida con los “otros”, que su rebeldía frente al dolor y el sufrimiento, son quizás las mejores ayudas con que pueden contar para recorrer ascendentemente los caminos internos.
Por supuesto, no vamos a contar el final del libro para que lo compren y lo lean. Pero si a ustedes les sirve tanto como a mí para recorrer vuestro mundo interno y darse cuenta de que es infinito, tanto o más que el mundo externo, entonces habrá cumplido su objetivo.
Gracias Dario.
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